Hay algo de lo que no queremos saber nada, simplemente andamos sin poder ubicarnos en un lugar, en un espacio ¿Que somos?
Cuando hablamos de psiquismo la cosa se complica aún más, porque: ¿ como nos ubicamos, que tipo de ser, queremos ser o somos?
El sujeto psíquico aparece entre dos instancias enunciativas: el yo y el otro, en ese puente entrambos, es decir que el sujeto es puro vacío, es que somos como sujetos cuando aparece a través del inconsciente, trabajando con la asociación libre, entonces: ¿qué es el inconsciente? Es una instancia, como estructura de lenguaje, es decir lo podemos leer, o mejor interpretar, sólo cuando aparece, en un chispazo con un otro, el sujeto está entre los dos, no hay dos, solo hay uno, el del paciente.
Es interesante recordar que en francés como en ingles y en castellano, sujeto es también “tema”, es el tema en análisis, no así en Alemán. El tema es la persona que viene a nuestro consultorio, a preguntarse, desde ya, valiente, dado que nuestro interior es lo que tenemos que conquistar, es ahí donde esta ese saber que tenemos no sabido, y al cual haremos aflorar.
En análisis es lo que ocurre: uno escucha, otro habla, y así entrelazados el sujeto del analizante emerge para ser interpretado, el análisis le abre la puerta y esto no surge apenas del relato coherente, de la comedia ahí explayada, del cuento que aparece, sino de las rarezas de su discurso. Podemos estar hablando con el psicoanalista y solo interesara aquel gesto, palabra, frase, o lo que fuera que hace un bulto en el dicho, que puede ser un lapsus, un error, un sueño, un acto sintomático, que altera el discurrir de las palabras del paciente.
Quiere decir que no hay programa ni del analista ni del analizante, es ese rio que se descubre, en el cual pescamos algo imprevisto, no esperado.
Y es a partir de ahí que trabajamos, por eso no hay plan, o mejor el plan lo determina el inconsciente en un modo de deriva, se arman las cadenas de asociaciones y nudos como una radiografía del sujeto, antes desconocido.
Entonces esto puede darle la razón a los que se quejan de que el análisis es eterno, no es así, pero no es una terapia exprés, es imposible, como no fue exprés la constitución de ese sujeto.
En análisis lo que es rápido, es parche, aumenta nuestro cementerio interior. La persona que concurre a un análisis, demanda mediante, (aspecto fundamental sin la cual no hay análisis posible) él tiene un saber no sabido que podrá alcanzar con un trabajo, en un tiempo que no es ni corto ni largo, será el que él se de, y también depende del empuje a conocer ese saber no sabido, alcanzando lugares de su psique que jamás pensó.
Es posible que la persona abandone esta búsqueda, lo cual no es bueno ni malo, simplemente es como leyendo un libro lo abandona en la primeras páginas, o lo sigue ferviente hasta al final del libro, este recorrido no está escrito, ni es previsible, pero de las dos maneras posibles dejan marcas, es una experiencia que deja rastros formativos, donde siempre aparecen verdades para ese sujeto que no estaban en su inventario. Amplia su capacidad de análisis de todas las situaciones en el futuro, todo se ve con más claridad, es interesante probar y verificar.
Podemos analizar la posibilidad según Lacan que no hay deseo de saber, por el contrario, hay horror del saber, pensándolo bien, en esto se basan las resistencias al análisis que aparecen en todo tratamiento, que son además las herramientas con la que contamos en nuestro trabajo, son por lo tanto muy útiles, casi necesarias en su curso, parecido a lo que hace el Tero, canta en el lugar que no puso los huevos, lo que produce una señal muy importante, claro que este “canto” en el paciente sería el síntoma, el lapsus, el acto sintomático, etc.
Un ejemplo claro es la reacción de los niños a su pregunta por el sexo u otros temas complejos, si se le pretende explicar salen disparados, lo que implica como importante es la entrada en la pregunta, no quieren respuesta.
Porque sus preguntas siempre rodean temas donde la implicancia los angustia, debido a está surge la pregunta y también el no querer saber nada de eso.