Pensar en trasmitir un conocimiento es importante, pero además hay que saber que conocimiento, o sea de que vamos a hablar, tal vez sea lo más difícil.
Es puntuar lo que creemos que sabemos, tal como si fuéramos a resumir un libro que tenemos que aprender para rendir un examen.
¿Como es la búsqueda de ese tema, o materia que deseamos desarrollar, como se produce, porque una búsqueda se produce, es como pensar en hacer un mueble, que una vez identificado su forma y función, vamos a atacar la compra de material especial, y herramientas, o lo que fuera necesario?
Pero claro, primero tenemos que saber que mueble vamos a realizar: una mesa, un placar, una silla, etc.
Como seguimos la ideación para llegar a nuestro tema, primero sabemos seguro de que materia vamos a hablar, por ejemplo, en mi caso psicoanálisis, bueno ya hay algo, si bien el tema del psicoanálisis es inmenso, tendremos que bucear en que rincón de esta enorme materia preferimos encontrar nuestro tema.
Desde ya que lo más me interesa es la práctica, el tratamiento del paciente, todos los vericuetos de esta gran profesión, por lo densa, por lo intensa, por los frutos que ella produce. Entonces el tema elegido es “la práctica psicoanalítica”.
El paciente se nos presenta como un desafío a nuestra capacidad de posibilitar a él, el contexto donde pueda liberarse, abrirse en todo su dolor, aflicción, inhibiciones, dudas, conflictos, etc., es decir poder crear el clima que nos una en una línea de pensamientos y emociones compartidas, claro que este clima, que no está al servicio del analista, éste se preserva de dar rienda suelta a sus emociones.
Ahora estamos más cerca de lo que queremos escribir, como funciona esto de la terapia, el análisis, como se hace.
El paciente llama pidiendo un turno, una hora, una entrevista, es diferente para cada cual, combinamos hora, día y lugar.
A partir del encuentro la idea es un par de entrevistas, en vez de sesión, se llama así, porque esas entrevistas se hacen necesarias para conocerse lo suficiente, producir una relación entrambos, hasta que el analista resuelve que ha llegado el momento de una mutua adopción, tanto del paciente como del analista, ya saben que quieren trabajar juntos, y entonces empieza el análisis, la terapia, como queríamos llamarlo.
El trabajo se hace en base a algunas normas o reglas, que estipula el analista de entrada. La primera: diga lo que se le presenta a la mente sin previo juzgamiento; la segunda: asocie libremente sobre todo el material diciendo lo que se le ocurra que cree sobre lo que sea.
Todo va aconteciendo en medio de una relación donde el analista escucha atentamente, hace las intervenciones que cree convenientes, y se trabaja sobre ellas todo el tiempo.
Que es lo que se habla: no hay normas para ello, no hay temas tabúes, no hay restricciones de ningún tipo, en este ambiente, el paciente consigue un espacio que es sólo de él, no hay interferencias, amigo, parientes, etc., esto que ocurre, queda en este ámbito, el paciente va produciendo sus propias conclusiones, la mayoría de las veces vera que las cosas son al revés de cómo las venía pensado y por lo tanto actuando.
Porque el actuar siempre está respaldado por una teoría, es decir por lo que pienso, que no se si lo pienso yo, o soy pensado por él o los otros, o el contexto.
Cuantas frases nos aprisionan por años: “eso aquí no se hace”; “fíjate lo que quieren los demás”, “mi padre decía que yo “x”; “sino hago tal cosa, tal vez suceda algo malo”, etc.
Todo son “comandos”, que es un comando es una orden en la que no participe en su construcción, es decir no es mía, no me pertenece, ella me sujeta y no entiendo por qué.
En el análisis se van sorteando estas barreras que van a redundar en una mayor libertad de vida, de acción, de sentir, saber que lo que decidimos partió de nosotros, podemos y debemos hacernos responsables y podremos entender que cuando no nos llevamos bien con alguien, podremos averiguar nuestra verdadera posición, y sostenerla, aunque a el otro no le guste y le enoje, hay que aprender a decir que no, es muy difícil, tenemos como se suele decir: “el si flojo”, y esto no ayuda a nadie, en oportunidades podemos hacer enojar a nuestras personas más queridas, pero hay que entender que cuando en nuestro “si” miento no le hacemos un favor a nadie, la consigna es: sostener nuestra posición, no tercamente, sino como una decisión sesuda, reflexionada y sobre todo “justa”, no seamos buenos, seamos “justos”, es más fácil saber que es lo justo, a que lo es lo bueno, que nuestras decisiones nos dejen en una situación de paz con nosotros mismos.
P.H.Franco