Tag Archives: Psicoterapia

La edad y el cuerpo

La vejez o si queres, la ancianidad, o si queres los años inflexibles en su pasar constante e insistidores, nos recuerdan siempre la finitud de nuestra vida, claro que todos lamentable cuando llegan, esos son años difíciles de llevar, sobre todo, porque si hicimos una vida razonable, es decir cuidamos nuestra maquina más o menos bien, estaremos con un cuerpo que responde a nuestras exigencias con cierta cautela.
Porque nuestro cerebro está más crecido y mejor mantenido que el mismo cuerpo, entonces muchas veces no se ponen de acuerdo, el cerebro quiere más rápido y ágil que lo el cuerpo puede, en este encontronazo en que no hay acuerdo, los conflictos aparecen y desde ya que están involucrados nuestras defensas, nuestros enojos, a veces muy fuertes, hay como un no entender lo que sucede, es decir hay una negación de la realidad contante y sonante que nos acompaña y la negamos, nos resistimos a ella, no podemos admitirlo, de hecho muchas personas conllevan con esta actitud a su propia muerte, subyacente en la propia decrepitud que sabemos que existe y no le damos crédito, todo acompañado por una depresión sub-clínica, que suele estar presente.
Es importante tener en cuenta que cada vejez es diferente de la otra, desde ya envejecemos de un modo único, que si, es verdad que tendrá que ver con el cuidado que hemos tenido en mantener el cuerpo en condiciones, que la vejez no es sólo del cuidado del cuerpo, hay indicadores que nos hacen envejecer en el psiquismo, de ahí la fundamental importancia del psicoanálisis, tener un otro que sea una referencia y nos permite llegar en mejor estado, mejorar nuestras elecciones, claro que tenemos que estar dispuestos a escuchar un discurso que sea diferente del que nos decimos a nosotros mismos todos los días.
Es el primer paso para ser feliz en el resto de nuestras vidas, seguiremos trabajando esta idea.
Hoy abarcaré el estado de bienestar, o también llamado estado de confort, el cual es precisamente, difícil de definir, es decir cada cual tendrá su teoría del estado de bienestar.
En realidad, me refiero un poco al conformismo, nos adaptamos a un estado que, no siendo muy bueno, nos acomodamos a él, me parece que quedamos como estacionados, la rutina nos atrapa, le tomamos hasta un poco de gusto a esa rutina, y nos da miedo salir de ella. Esto es muy común entre los seres humanos. Quien no conoce esa situación que no nos hace feliz, pero nos da cierta seguridad, nuestro deseo de cosas nuevas se va a apagando, hasta producir una suerte de apatía, que seguramente nos sorprenderá, pues creemos que no conocemos la causa.
El primer paso suele ser adjudicarlo a algún mal físico, que es en general lo más cómodo, por qué nos parece mucho más simple, una pastillita y listo.
La solución es buscar en nuestro interior, que nos está diciendo que quiere otra cosa, que no estamos eligiendo bien nuestro destino, nuestro tiempo, siendo esto lo único que tenemos, porque es con el tiempo que podremos encontrar una salida.
Es el momento de buscar una ayuda, otra voz de las conocidas, es decir un oído preparado para descifrar nuestros enigmas, que pueda con la ayuda de lo que vamos describiendo con nuestras palabras, actitudes, silencios, sueños, lapsus, etc.
Cuando conseguimos entregarnos en esa comunicación, las cosas van fluyendo con más facilidad, dado que el entender se hace a través del sentir, no para revolver nuestros dolores, pero si para comprenderlos, saber porque estamos en una situación tan incómoda, o complicada, llenos de conflictos, porque no podemos estar bien con nosotros y con los demás, aunque parece muy simple, no lo es, siempre hay contenidos nuestros que boicotean nuestro bienestar.
Nuestro trabajo va a consistir en sacar a la luz, las cosas que nos impiden de vivir mejor, piénselo e inténtelo.

P.H.Franco

Que es esto de la Terapia y el Análisis? Breve desarrollo de cómo funciona y para que – parte I

Pensar en trasmitir un conocimiento es importante, pero además hay que saber que conocimiento, o sea de que vamos a hablar, tal vez sea lo más difícil.
Es puntuar lo que creemos que sabemos, tal como si fuéramos a resumir un libro que tenemos que aprender para rendir un examen.
¿Como es la búsqueda de ese tema, o materia que deseamos desarrollar, como se produce, porque una búsqueda se produce, es como pensar en hacer un mueble, que una vez identificado su forma y función, vamos a atacar la compra de material especial, y herramientas, o lo que fuera necesario?
Pero claro, primero tenemos que saber que mueble vamos a realizar: una mesa, un placar, una silla, etc.
Como seguimos la ideación para llegar a nuestro tema, primero sabemos seguro de que materia vamos a hablar, por ejemplo, en mi caso psicoanálisis, bueno ya hay algo, si bien el tema del psicoanálisis es inmenso, tendremos que bucear en que rincón de esta enorme materia preferimos encontrar nuestro tema.
Desde ya que lo más me interesa es la práctica, el tratamiento del paciente, todos los vericuetos de esta gran profesión, por lo densa, por lo intensa, por los frutos que ella produce. Entonces el tema elegido es “la práctica psicoanalítica”.
El paciente se nos presenta como un desafío a nuestra capacidad de posibilitar a él, el contexto donde pueda liberarse, abrirse en todo su dolor, aflicción, inhibiciones, dudas, conflictos, etc., es decir poder crear el clima que nos una en una línea de pensamientos y emociones compartidas, claro que este clima, que no está al servicio del analista, éste se preserva de dar rienda suelta a sus emociones.
Ahora estamos más cerca de lo que queremos escribir, como funciona esto de la terapia, el análisis, como se hace.
El paciente llama pidiendo un turno, una hora, una entrevista, es diferente para cada cual, combinamos hora, día y lugar.
A partir del encuentro la idea es un par de entrevistas, en vez de sesión, se llama así, porque esas entrevistas se hacen necesarias para conocerse lo suficiente, producir una relación entrambos, hasta que el analista resuelve que ha llegado el momento de una mutua adopción, tanto del paciente como del analista, ya saben que quieren trabajar juntos, y entonces empieza el análisis, la terapia, como queríamos llamarlo.
El trabajo se hace en base a algunas normas o reglas, que estipula el analista de entrada. La primera: diga lo que se le presenta a la mente sin previo juzgamiento; la segunda: asocie libremente sobre todo el material diciendo lo que se le ocurra que cree sobre lo que sea.
Todo va aconteciendo en medio de una relación donde el analista escucha atentamente, hace las intervenciones que cree convenientes, y se trabaja sobre ellas todo el tiempo.
Que es lo que se habla: no hay normas para ello, no hay temas tabúes, no hay restricciones de ningún tipo, en este ambiente, el paciente consigue un espacio que es sólo de él, no hay interferencias, amigo, parientes, etc., esto que ocurre, queda en este ámbito, el paciente va produciendo sus propias conclusiones, la mayoría de las veces vera que las cosas son al revés de cómo las venía pensado y por lo tanto actuando.
Porque el actuar siempre está respaldado por una teoría, es decir por lo que pienso, que no se si lo pienso yo, o soy pensado por él o los otros, o el contexto.
Cuantas frases nos aprisionan por años: “eso aquí no se hace”; “fíjate lo que quieren los demás”, “mi padre decía que yo “x”; “sino hago tal cosa, tal vez suceda algo malo”, etc.
Todo son “comandos”, que es un comando es una orden en la que no participe en su construcción, es decir no es mía, no me pertenece, ella me sujeta y no entiendo por qué.
En el análisis se van sorteando estas barreras que van a redundar en una mayor libertad de vida, de acción, de sentir, saber que lo que decidimos partió de nosotros, podemos y debemos hacernos responsables y podremos entender que cuando no nos llevamos bien con alguien, podremos averiguar nuestra verdadera posición, y sostenerla, aunque a el otro no le guste y le enoje, hay que aprender a decir que no, es muy difícil, tenemos como se suele decir: “el si flojo”, y esto no ayuda a nadie, en oportunidades podemos hacer enojar a nuestras personas más queridas, pero hay que entender que cuando en nuestro “si” miento no le hacemos un favor a nadie, la consigna es: sostener nuestra posición, no tercamente, sino como una decisión sesuda, reflexionada y sobre todo “justa”, no seamos buenos, seamos “justos”, es más fácil saber que es lo justo, a que lo es lo bueno, que nuestras decisiones nos dejen en una situación de paz con nosotros mismos.

P.H.Franco