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Que es esto de la Terapia y el Análisis? Breve desarrollo de cómo funciona y para que – parte I

Pensar en trasmitir un conocimiento es importante, pero además hay que saber que conocimiento, o sea de que vamos a hablar, tal vez sea lo más difícil.
Es puntuar lo que creemos que sabemos, tal como si fuéramos a resumir un libro que tenemos que aprender para rendir un examen.
¿Como es la búsqueda de ese tema, o materia que deseamos desarrollar, como se produce, porque una búsqueda se produce, es como pensar en hacer un mueble, que una vez identificado su forma y función, vamos a atacar la compra de material especial, y herramientas, o lo que fuera necesario?
Pero claro, primero tenemos que saber que mueble vamos a realizar: una mesa, un placar, una silla, etc.
Como seguimos la ideación para llegar a nuestro tema, primero sabemos seguro de que materia vamos a hablar, por ejemplo, en mi caso psicoanálisis, bueno ya hay algo, si bien el tema del psicoanálisis es inmenso, tendremos que bucear en que rincón de esta enorme materia preferimos encontrar nuestro tema.
Desde ya que lo más me interesa es la práctica, el tratamiento del paciente, todos los vericuetos de esta gran profesión, por lo densa, por lo intensa, por los frutos que ella produce. Entonces el tema elegido es “la práctica psicoanalítica”.
El paciente se nos presenta como un desafío a nuestra capacidad de posibilitar a él, el contexto donde pueda liberarse, abrirse en todo su dolor, aflicción, inhibiciones, dudas, conflictos, etc., es decir poder crear el clima que nos una en una línea de pensamientos y emociones compartidas, claro que este clima, que no está al servicio del analista, éste se preserva de dar rienda suelta a sus emociones.
Ahora estamos más cerca de lo que queremos escribir, como funciona esto de la terapia, el análisis, como se hace.
El paciente llama pidiendo un turno, una hora, una entrevista, es diferente para cada cual, combinamos hora, día y lugar.
A partir del encuentro la idea es un par de entrevistas, en vez de sesión, se llama así, porque esas entrevistas se hacen necesarias para conocerse lo suficiente, producir una relación entrambos, hasta que el analista resuelve que ha llegado el momento de una mutua adopción, tanto del paciente como del analista, ya saben que quieren trabajar juntos, y entonces empieza el análisis, la terapia, como queríamos llamarlo.
El trabajo se hace en base a algunas normas o reglas, que estipula el analista de entrada. La primera: diga lo que se le presenta a la mente sin previo juzgamiento; la segunda: asocie libremente sobre todo el material diciendo lo que se le ocurra que cree sobre lo que sea.
Todo va aconteciendo en medio de una relación donde el analista escucha atentamente, hace las intervenciones que cree convenientes, y se trabaja sobre ellas todo el tiempo.
Que es lo que se habla: no hay normas para ello, no hay temas tabúes, no hay restricciones de ningún tipo, en este ambiente, el paciente consigue un espacio que es sólo de él, no hay interferencias, amigo, parientes, etc., esto que ocurre, queda en este ámbito, el paciente va produciendo sus propias conclusiones, la mayoría de las veces vera que las cosas son al revés de cómo las venía pensado y por lo tanto actuando.
Porque el actuar siempre está respaldado por una teoría, es decir por lo que pienso, que no se si lo pienso yo, o soy pensado por él o los otros, o el contexto.
Cuantas frases nos aprisionan por años: “eso aquí no se hace”; “fíjate lo que quieren los demás”, “mi padre decía que yo “x”; “sino hago tal cosa, tal vez suceda algo malo”, etc.
Todo son “comandos”, que es un comando es una orden en la que no participe en su construcción, es decir no es mía, no me pertenece, ella me sujeta y no entiendo por qué.
En el análisis se van sorteando estas barreras que van a redundar en una mayor libertad de vida, de acción, de sentir, saber que lo que decidimos partió de nosotros, podemos y debemos hacernos responsables y podremos entender que cuando no nos llevamos bien con alguien, podremos averiguar nuestra verdadera posición, y sostenerla, aunque a el otro no le guste y le enoje, hay que aprender a decir que no, es muy difícil, tenemos como se suele decir: “el si flojo”, y esto no ayuda a nadie, en oportunidades podemos hacer enojar a nuestras personas más queridas, pero hay que entender que cuando en nuestro “si” miento no le hacemos un favor a nadie, la consigna es: sostener nuestra posición, no tercamente, sino como una decisión sesuda, reflexionada y sobre todo “justa”, no seamos buenos, seamos “justos”, es más fácil saber que es lo justo, a que lo es lo bueno, que nuestras decisiones nos dejen en una situación de paz con nosotros mismos.

P.H.Franco

 

¿Que es ser feliz?

Es una pregunta que pocas personas se hacen, e incluso se confunde felicidad con logro de un anhelo material, que es por ser material, es absolutamente efimero, que, aunque contundente, se evapora el efecto que nos produce rapidamente.

Solo pensar en las “cosas” que hemos adquirido en los ultimos tiempos, ¿que queda de ellas?, son útiles que están adocenados en nuestros muebles u otros depósitos de cosas.

Sin embargo, una vez realizadas esas operaciones de compra, enseguida, no pasa mucho tiempo, ya tiene asignado un lugar en nuestros registros, y que a medida que se van acumulando las miramos de reojo, inspeccionamos y nos parece apabullante, y lo que es peor, muchas veces no nos acordamos que las tení­amos, rememoramos aquel entusiasmo por tenerlas, un poco con nostalgia recordamos tanta energi­a gastada en esas “inquietudes”, ¿que quedo de todo eso, nos hizo feliz de alguna forma?

Seri­a interesante pensar que es ser feliz, es difícil definirlo dado que es para cada cual, pero pensándolo bien ¿que es ser feliz?, ¿que elementos le son constitutivos a ese estado?, son ¿abstractos, son materiales, son hechos, son amores, son recuerdos, son logros, son personas, tí­tulos, viajes, etc.?

En realidad, no es nada de eso, porque en la felicidad encontramos sólo un estado, un estar de una determinada manera que nos produce una sensación única, hay algunos que llaman a esto Epifanías, es algo que no por nuevo, lo que me produce la epifaní­a, hoy es diferente, exultante, único, J.Joyce tenía un cuadernito que siempre llevaba consigo y en el cual anotaba las sensaciones nuevas que le producí­a algo, sea cosa, persona, situación o evento. A estas epifanías las llevaba luego a sus libros o escritos, a tal punto que, aunque él no vivió mucho en su ciudad, se dice de sus libros, que, aunque Dublín desapareciera del mapa, se la podría reconstruir con sus descripciones. Si bien la vida de este escritor fue muy tortuosa, estuvo sin embargo llena de momentos de felicidad, desde el punto de vista semántico, su modo de escribir  dieron vuelta la lengua inglesa.

Ese momento capturado al tiempo común, secuestrado a la rutina, haciendo de él algo que nos hace vibrar de forma diferente, queda en nuestra memoria indeleble, y como en el caso de Joyce nos permite construir, dado que ser feliz es tener capacidad de aumentar los ladrillos con lo que vamos a construir algo, ese algo es nuestra vida, nada menos.

Claro que en general eso que llamamos nuestra vida, suele ser una JUNGLA, llena de árboles y lianas que nos impide el paso para atravesarla, compuesta por todos los avatares que se fueron creando en el vivir.

ase contexto familiar y social con todo lo que ello implica y van quedando como basura que creciendo en el tiempo complican el andar y se forma una verdadera selva, aquella que nos impedía andar.

Como enfrentar estas vicisitudes que son por definición muy complejas, además de antiguas con fuertes anclas en los hábitos y rutinas, y digo, ya acostumbrados a ellas, hasta un cierto apego el cual nos impide verlas como problemas. Es como tener un grano, ser consiente de él, lo acariciamos, pero nada hacemos para resolver algo, nuestros dedos lo reconocen, e incluso lo buscan, juegan con él, y seguirá ahí­.

El psicoanálisis permite recorrer esa selva intrincada, paso a paso y dejar limpio el camino, con lo cual además se consigue un aprendizaje ú nico, aprendemos a leernos a nosotros mismos de forma que luego de un tiempo seremos otra persona, más advertida y difícil de ser engañada por la vida y por nosotros mismos.

Este engaño es muy recurrente, diría que diario, sobre todo con el tema de las familias extendidas, con varios padres y madres, donde reina la confusión, donde es difícil saber que es cada cosa, que nos involucra de toda esa maraña de personas, de hijos, padres, hermanos tíos y abuelos.                                                               

El trabajo del análisis disuelve poco a poco esos conflictos que se fueron creando, pero claro, exige querer saber, querer preguntarse y vencer el miedo a ello, porque preguntarse siempre da miedo, y cuando entramos en él nos damos cuenta que no sólo no era terrible, sino que aliviador conocerlo.

Publio H. Franco

Musica y psicoanalisis

Armonía, psicoanálisis y música

Los músicos de la orquesta con sus movimientos dirigidos por el director de orquesta, son como las gotas que componen una enorme ola en el mar, y con sus rostros felices, los músicos, aumentan las burbujas hasta al infinito embelleciendo la ola.

Sus caras emocionadas en tanto tocan, llenan la sala de otros sonidos invisibles.

El orden en el que se desenvuelven el grupo de instrumentos, como se pasan la mirada de unos a otros como dando la señal de continuar, de pronto una flauta solista invade la ola produciendo un salto muy bello, en ese océano de dulzuras sin idioma o con todos los idiomas a la vez.

Pienso que en psicoanálisis debe suceder algo parecido, encontrar esa unión asimétrica pero perfecta, los pensamientos se reúnen a resolver esa sinfonía que es el psiquismo humano, las preguntas como melodías vienen a sucederse en el escenario que se las convoca, para encontrar su respuesta o no.

También el conflicto tiene su música, digo yo, atonal tal vez, pero hace al juego, que se entremezcla con los sonidos armónicos, sin desentonar, dado que son atonales, y en el circuito que genera la interpretación se van a reacomodar y volver a la armonía general.

El sujeto en la sesión se ve enfrentado a una convocatoria nueva, frente a un otro, un interlocutor que puede ser un camino.

Hace tiempo que él que consulta tiene preguntas, sensaciones que le conmueven el pecho, a veces que ni siquiera se conforman en preguntas, sólo en llanto. Él las llama angustia, depresión, tristeza, soledad, miedo,  a veces pánico, su mente se llena, pero no sabe bien de que, sabe que está ocupada, y quiere desocuparla para poder vivir libre, con su mente ágil, sin que se presente como un rio lleno de trancos flotando en su superficie.

Nuestra tarea, si es que se la puede llamar así, consiste en decodificar ese idioma desconocido que se nos aparece como extraño, pero claro, es un idioma hecho de un sinfín de pensamientos que tienen un código a desentrañar propio, ninguno igual a otro, se produce por su misma elaboración consciente o inconsciente, producida a través de los años, con intrincados matices, es como un dialecto propio de ese ser.

El psicoanálisis propone que no es sin otro, justamente porque el yo y sus mecanismos de defensa que lo imposibilitan al sujeto, ver o creer lo que se le presenta.

¿Que quiere decir, que cuando pienso en mis conflictos me miento?

No necesariamente, pero sucede que los conflictos son generalmente un dilema, es decir un enigma, que requiere una respuesta, y muchas veces, diría casi todas las veces, esa respuesta no nos satisface, implica un esfuerzo que no estoy dispuesto a realizar, claro que no es tan fácil porque podrían decirme “yo soy un esforzado”, pero el problema reside en la lectura del conflicto que normalmente es errónea, no es un problema de voluntad,  es engaño, de ahí la necesidad de otro autorizado, que una vez que consiga leer “nuestro código” particular, y con la palabra nos abra el camino de la cura.

Lic. Publio Horacio Franco, psicólogo y psicoanalista