Friedrich Nietzsche
“La irritación y las contrariedades de naturaleza personal suelen adquirir fácilmente en la gente joven un carácter general, por poco inclinada que ésta sea a la rebeldía. Por aquel entonces, a causa de algunas experiencias dolorosas y crueles desilusiones me encontraba a la deriva, solo, sin principios sólidos, sin esperanza y sin tan siquiera un recuerdo agradable. El único deseo que me enardecía de la mañana a la noche era el de construirme una vida que se adaptase a mi naturaleza; por eso rompí hasta el último refugio que me mantenía amarrado a mi pasado de estudiante en Bonn, especialmente, con el vínculo que me unía a la corporación. En el feliz aislamiento de mi morada lograba recogerme en mí mismo, y cuando me encontraba con amigos era sólo con Mushacke y con von Gersdorff, que, por su parte, participaban de mis mismos propósitos. Ahora, imagínese cómo debió de impactarme la lectura de la obra principal de Schopenhauer en tales circunstancias. Encontré un día este libro precisamente en el Antiquariat del viejo Rohn. Ignorándolo todo sobre él, lo tomé en mis manos y comencé a hojearlo. No sé qué especie de demonio me susurró al oído: «llévate este libro a casa». De todas formas, el hecho ocurrió contra mi costumbre habitual de no precipitarme en la compra de libros. Una vez en casa, me acomodé con el tesoro recién adquirido en el ángulo del sofá y dejé que aquel genio enérgico y severo comenzase a ejercer su efecto sobre mí. Ahí, en cada línea, clamaba la renuncia, la negación, la resignación; allí veía yo un espejo en el que, con terrible magnificencia, contemplaba a la vez el mundo, la vida y mi propia intimidad. Desde aquellas páginas me miraba el ojo solar del arte, con su completo desinterés; allí veía yo la enfermedad y la salud, el exilio y el refugio, el infierno y el paraíso. Me asaltó un violento deseo de conocerme, de socavarme a mí mismo. Testigos de aquella revolución interior son hoy todavía, para mí, las páginas del diario que yo escribía en aquella época, tan inquietas y melancólicas, plenas de autoacusaciones banales y de la desesperada idea de redimir y transformar la naturaleza entera del ser humano. Habiendo puesto todas mis cualidades y aspiraciones ante el tribunal de un sórdido autodesprecio, era malvado, injusto y desenfrenado en el odio que vertía contra mí. Tampoco faltaron torturas físicas. Así, durante catorce días seguidos, me esforcé por no acostarme antes de las dos de la madrugada y levantarme sin dilación alguna a las seis en punto. Una constante excitación nerviosa me dominaba a todas horas, y quien sabe qué grado de locura habría alcanzado de no ser porque las exigencias de la vida, la ambición y la imposición de unos estudios regulares obraron en sentido contrario.”
Frases de Friedrich Nietzsche
Lo que distingue las mentes verdaderamente originales no es que sean las primeras en ver algo nuevo, sino que son capaces de ver como nuevo lo que es viejo, conocido, visto y menospreciado por todos.
Entre el sentido de culpabilidad y el placer, siempre gana el placer.
Una cosa buena no nos gusta cuando no estamos a la altura.
Donde no puedas amar, pasa de largo.
La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta: lo que en el hombre se puede amar es que es un tránsito y un ocaso.
La sencillez y naturalidad son el supremo y último fin de la cultura.
¿No es la vida cien veces demasiado breve para aburrirnos?
La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido.