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Que es esto del Análisis y la Terapia? parte ll

-¿Qué es el deseo inconsciente?

Si tanto el analista como el paciente han aceptado la propuesta de trabajar juntos, el analista evaluará si el trabajo será cara a cara o el diván.
Ambos modos tienen su lógica de aplicación, que no es rígida, en el caso de cara a cara, la decisión estará determinada por la disposición del paciente, dado que puede venir con un nivel de angustia importante, entonces el contacto visual puede ayudar a amenguar ese estado. Además, el diván es posición que el analista resuelve, una vez que el paciente ha “entrado” en análisis, que estará determinado por el material provisto por este.
Las sesiones van fluyendo dirigidas por el material que nos trae el paciente, el analista hará las intervenciones que considere necesarias, en el momento también aparecerán las respuestas a la interpretación del analista, dadas por el paciente, sus reclamos respecto de las mismas, su desacuerdo, su silencio que es fundamental durante la sesión.
A través de este trabajo constante sobre los sueños, lapsus, equívocos, el analista intervendrá si cree necesario, y cada intervención generará debates que redundarán en la elucidación de la problemática presentada por nuestro paciente, esta operativa profunda, dado que se trabaja tomando como base lo que de inconsciente se produce, tomando en cuenta que no todo es material inconsciente, por las defensas que ofrece toda su parte consciente que se resiste a modificar algo que esta enquistado por mucho tiempo, este trabajo entre consciente e inconsciente es lo que redundará en cambios fundamentales en la vida de quien se propone un análisis.
Se podrá decir que la sola palabra no tiene el poder de cambiar lo que está por años en la mente de un sujeto, pero si pensamos con lógica, es con palabras que el problema se instaló, es decir somos objeto permanente de las palabras, y especialmente en la infancia o en la adolescencia que adjudicamos a nuestros mayores “Otros”, una verdad como única, y con el pasar de los años nos damos cuenta que mucha de esas frases o palabras dichas nos marcan casi como ordenes: “hay que estudiar algo que de dinero”, por esa frase podemos cambiar nuestra vocación, y arruinar nuestra vida, es muy común escuchar a algunos pacientes decir: “yo quería estudiar artes, o danzas, o teatro, o música, o arquitectura, etc.”
Conclusión: “hoy soy contador, o administrador, o vendedor, pero nada de eso me hace feliz”.
Este comando hace mucho daño en el futuro de los sujetos, dado que los otros que “ayudan” a crecer, lo tomamos como verdad única, no nos dejan elegir, no nos dan tiempo para ver que queremos ser en el futuro, y proyectan sus fracasos en sus hijos. Claro que la frase es: “lo hago por amor a ellos”, de que amor se trata, ¿no será satisfacerse sus éxitos o fracasos en la vida de sus hijos?
Es para pensarlo largamente, nuestra vida se realiza a través del develamiento de nuestros deseos, generalmente inconscientes, a los que hay que acceder vía reflexión, o análisis, con otro neutro, que nos deje pensar.
Esto del deseo es un tema crucial, no se trata de “yo quiero una moto”, “un televisor”, esos son anhelos, el deseo tiene el poder de realizarse con toda nuestra fuerza que viene del inconsciente, cuando lo inconsciente se hace paralelo con lo consciente, es el camino de la verdadera felicidad, que se constituye en la realización de todo nuestro ser.

P.H.Franco

¿Que es ser feliz?

Es una pregunta que pocas personas se hacen, e incluso se confunde felicidad con logro de un anhelo material, que es por ser material, es absolutamente efimero, que, aunque contundente, se evapora el efecto que nos produce rapidamente.

Solo pensar en las “cosas” que hemos adquirido en los ultimos tiempos, ¿que queda de ellas?, son útiles que están adocenados en nuestros muebles u otros depósitos de cosas.

Sin embargo, una vez realizadas esas operaciones de compra, enseguida, no pasa mucho tiempo, ya tiene asignado un lugar en nuestros registros, y que a medida que se van acumulando las miramos de reojo, inspeccionamos y nos parece apabullante, y lo que es peor, muchas veces no nos acordamos que las tení­amos, rememoramos aquel entusiasmo por tenerlas, un poco con nostalgia recordamos tanta energi­a gastada en esas “inquietudes”, ¿que quedo de todo eso, nos hizo feliz de alguna forma?

Seri­a interesante pensar que es ser feliz, es difícil definirlo dado que es para cada cual, pero pensándolo bien ¿que es ser feliz?, ¿que elementos le son constitutivos a ese estado?, son ¿abstractos, son materiales, son hechos, son amores, son recuerdos, son logros, son personas, tí­tulos, viajes, etc.?

En realidad, no es nada de eso, porque en la felicidad encontramos sólo un estado, un estar de una determinada manera que nos produce una sensación única, hay algunos que llaman a esto Epifanías, es algo que no por nuevo, lo que me produce la epifaní­a, hoy es diferente, exultante, único, J.Joyce tenía un cuadernito que siempre llevaba consigo y en el cual anotaba las sensaciones nuevas que le producí­a algo, sea cosa, persona, situación o evento. A estas epifanías las llevaba luego a sus libros o escritos, a tal punto que, aunque él no vivió mucho en su ciudad, se dice de sus libros, que, aunque Dublín desapareciera del mapa, se la podría reconstruir con sus descripciones. Si bien la vida de este escritor fue muy tortuosa, estuvo sin embargo llena de momentos de felicidad, desde el punto de vista semántico, su modo de escribir  dieron vuelta la lengua inglesa.

Ese momento capturado al tiempo común, secuestrado a la rutina, haciendo de él algo que nos hace vibrar de forma diferente, queda en nuestra memoria indeleble, y como en el caso de Joyce nos permite construir, dado que ser feliz es tener capacidad de aumentar los ladrillos con lo que vamos a construir algo, ese algo es nuestra vida, nada menos.

Claro que en general eso que llamamos nuestra vida, suele ser una JUNGLA, llena de árboles y lianas que nos impide el paso para atravesarla, compuesta por todos los avatares que se fueron creando en el vivir.

ase contexto familiar y social con todo lo que ello implica y van quedando como basura que creciendo en el tiempo complican el andar y se forma una verdadera selva, aquella que nos impedía andar.

Como enfrentar estas vicisitudes que son por definición muy complejas, además de antiguas con fuertes anclas en los hábitos y rutinas, y digo, ya acostumbrados a ellas, hasta un cierto apego el cual nos impide verlas como problemas. Es como tener un grano, ser consiente de él, lo acariciamos, pero nada hacemos para resolver algo, nuestros dedos lo reconocen, e incluso lo buscan, juegan con él, y seguirá ahí­.

El psicoanálisis permite recorrer esa selva intrincada, paso a paso y dejar limpio el camino, con lo cual además se consigue un aprendizaje ú nico, aprendemos a leernos a nosotros mismos de forma que luego de un tiempo seremos otra persona, más advertida y difícil de ser engañada por la vida y por nosotros mismos.

Este engaño es muy recurrente, diría que diario, sobre todo con el tema de las familias extendidas, con varios padres y madres, donde reina la confusión, donde es difícil saber que es cada cosa, que nos involucra de toda esa maraña de personas, de hijos, padres, hermanos tíos y abuelos.                                                               

El trabajo del análisis disuelve poco a poco esos conflictos que se fueron creando, pero claro, exige querer saber, querer preguntarse y vencer el miedo a ello, porque preguntarse siempre da miedo, y cuando entramos en él nos damos cuenta que no sólo no era terrible, sino que aliviador conocerlo.

Publio H. Franco