Reflexiones sobre psicoterapia psicoanalitica

Me hago algunas preguntas que me parece que son interesantes de analizar:

¿todos los análisis funcionan”?
¿por qué algunos se “sienten” muy largos, algunos “años”, y sin embargo parecen como estancados?
¿Mi analista me escucha y me oye?
¿cuál es el limite de un análisis?

Hemos escuchado un sinnúmero de  veces lo siguiente: “yo fui dos años a análisis y sigo igual”; otro: “me parece que no me entienden o escuchan” ; “estuve varios años y siento que no tuve resultados”, etc……

Desde ya que esto merece una reflexión, debe ser pensado desde la pregunta:

Lo obvio desde el analista: el paciente no colabora, se resiste, no se deja ayudar, esta prendido en el goce de su síntoma, etc.

Desde el paciente hay mil explicaciones diferentes, pero cual es el camino para entender esta cuestión, por que no hay duda que ambos tanto el paciente como el analista hace lo que creen adecuado, útil al momento terapéutico.

¿No será que la teoría del profesional no es suficientemente abarcativo para poder ver más allá, o que el límite de su teoría sea el problema?

Desde ya parto de la total honestidad del profesional, que aún así produce estos efectos, ¿entonces por que?

Daré unos ejemplos que nos pueden orientar hacia donde quiero llegar.

“Un ejecutivo llega el lunes a su oficina, y el compañero le pregunta: ¿cómo estas?, y el dice : más o menos, anteayer se murió mi padre, el compañero da un respingo en su silla y le pregunta: que haces aquí hoy, y la respuesta que recibe de los otros compañeros es de sentido común: Claro, se entiende, haces una esfuerzo para pasar el mal trago, y el personaje en cuestión afirma: me distraigo, así las cosas se pasan más rápido.”
Puedo leer: “no quiero verlo”

Pensemos un poco: el sentido común afirmaría que de eso modo el mal trago pasa más rápido, también el analista puede verlo así, pero cabe una pregunta si no me convence ese sentido común: “¿en tu familia siempre hacen así?, y el responde: a no, cuando murió mi padre mi mama estuvo de duelo un año, vestida de negro, y cuando murió mi abuelo otro tanto.
¿y entonces? ¿Que sucedió ahora cuando muere su padre?
El sentido común quiere hacernos creer que sabemos como son las cosas del paciente, y eso es el gran error que puede conducirnos al fracaso del tratamiento.

El tema es no afirmar el sentido común de manera de conocer las verdaderas motivaciones que lo llevan a aparentemente negarse a hacer el duelo por su madre, y esto puede configurar un sinnúmero de hipótesis, desde una gran angustia que lo desborda, una “venganza” hacia la madre, una negación total de dicha muerte, como hacer de cuenta que no ocurrió nada, ocultar una posible alegría por lo ocurrido, etc.
Todo pasa desapercibido desde el sentido común, porque este tiene enormes limitaciones para abarcar complejidades de este tipo, por lo tanto tenemos un análisis que no crece, que no progresa, se eterniza en sesiones que no dejan nada.

Escuchar en análisis aquello que no es sólo palabra, gestos, olvidos, sueños, conductas silenciosas.

Para eso se necesita una teoría que permita ver más allá. Mi análisis es largo, hace años, pero la cantidad no influye en el resultado, si importa el como, como se trabaja.

En realidad el tratamiento debe ser considerado como actualización permanente, salvando cada vez los síntomas neuróticos, evitando la repetición, es decir siempre aparece algo nuevo y es lo que produce el crecimiento.

Los logros van apareciendo fruto de ese conducir, sin prisa pero sin pausa, eludiendo las trampas que nos propone la resistencia, las defensas del yo, que sólo dificultan pero que cuestan mucho desentrañar.

La pregunta por el limite del análisis es muy buena, porque quien da de alta:

¿El paciente o el analista?

Ambos saben cuando termina, e incluso cuando ocurre la transferencia de análisis se troca en transferencia de trabajo, cambia la relación entrambos.

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